miércoles, 26 de noviembre de 2014

AGRICULTURA Y CAMBIO CLIMATICO. A ESPABILAR TOCA


Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente pregunté a mis amigos de Facebook qué temas, relacionados con la agricultura y el medio ambiente, querían que tocara en el blog. Nuestros fieles amigos de Cocina con sentido nos pidieron que contara cómo afecta el cambio climático a los cultivos tradicionales, las alternativas para no desaparecer y los nuevos cultivos que puedan surgir adaptados a las nuevas condiciones del clima.

Porque es un tema muy interesante, porque lo prometido es deuda, y además porque no todo va a ser gastronomía, intentaré contar de una manera amena cómo puede afectar el cambio climático a la agricultura y de qué maneras se puede adaptarse a este.

 
El cambio climático va a poner a prueba nuestra habilidad para producir el alimento que necesitamos. Foto cortesía de Syngenta.


El cambio climático, ¿existe o no?

Un reciente informe aprobado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirma lo que algunos en su momento pusieron en duda: el calentamiento de la Tierra es una realidad.

La ciencia del clima es muy compleja y no se le puede echar la culpa alegremente al cambio climático cuando hay una ola de calor, o de frío, o cuando lleva demasiado tiempo sin llover, o lloviendo. Pero los expertos en clima han desarrollado modelos basados en miles y miles de datos procedentes de muy distintas fuentes, y han llegado a la conclusión que desde la década de 1950, muchos de los cambios observados son digamos “nuevos”, no ha ocurrido nada parecido en los últimos decenios y siglos. La atmósfera y el océano se han calentado, la nieve y el hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y han aumentado las concentraciones de gases de efecto invernadero. También consideran que es muy probable que, el ser humano haya tenido una responsabilidad importante en el calentamiento observado desde mediados del siglo XX.
  


La agricultura y la ganadería, víctimas y verdugos



La selva atlántica sudamericana es uno de los bosques tropicales más amenazados de la tierra, y ha sido cortado hasta dejar casi el 7% de su tamaño original. Grandes tiras del bosque han sido convertidas en enormes plantaciones industriales de soja y varios tipos de agricultura a pequeña escala. A pesar de su estado tan fragmentado, es uno de los sistemas biológicos más diversos en la tierra. Fuente: NASA



La agricultura y la ganadería son responsables del 14% de las emisiones de gases de efecto de invernadero, que al acumularse en la atmósfera trastocan todos los mecanismos de un clima con el que, mal que bien, el hombre lleva conviviendo desde hace siglos. El ganado libera a la atmósfera cantidades importantes de metano (CH4) y la producción de fertilizantes sintéticos genera óxido nitroso, (N2O). Además, la deforestación y la degradación del suelo favorecen la acumulación de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera.




¿Sabías que las emisiones de metano debidas al ganado – por efecto de la fermentación en el rumen y las propias del estiércol – constituyen las dos terceras partes de los gases de efecto invernadero producidas por la agricultura?




Sin embargo, ambas actividades son muy vulnerables al cambio climático, ya que trabajan en íntimo contacto con la naturaleza y su base de operaciones es el suelo y el territorio, completamente a merced del clima. 

 De hecho, varios estudios que cubren un amplio rango de regiones y cultivos, ha hecho evidentes los efectos del cambio climático en los cultivos y la producción terrestre de alimentos. Aunque, posiblemente se beneficien algunos cultivos en latitudes altas de la tierra (como el norte de China o el Reino Unido), en general se prevén más impactos negativos que positivos para la agricultura, y por tanto para la seguridad alimentaria mundial; y para colmo, estos impactos serán particularmente severos en los países en desarrollo.


Rio Grande do Sul está en la esquinita sur de Brasil y alberga cerca de 1,600 explotaciones dedicadas a la producción de arroz. El 70% del área utiliza bombas para irrigar los suelos y algunas funcionan con gasolina, que contaminan el aire y el suelo.  Como humedal que es, el cultivo del arroz también produce metano (CH4), se estima que estos arrozales en concreto son responsables de un 20 % de la producción global brasileña de metano.  Los campos cultivados se ven claramente en la imagen de 2008 como parcelas azules, ausentes en la imagen de 1975. Fuente: NASA




Efectos sobre la agricultura a nivel general



Hay muchos aspectos que afectan a la producción de los distintos cultivos, y con los datos disponibles no se puede llegar a conclusiones ni previsiones 100 % fiables. Sin embargo, y a grandes rasgos, se prevé que disminuyan los rendimientos de cultivos básicos. Se sabe que el aumento de la concentración de 03 troposférico, dañino para los seres vivos en general, afectará a los rendimientos de las cosechas. Al igual que posiblemente lo hagan las temperaturas medias y extremas y la disponibilidad de agua, aunque la influencia de estos factores es actualmente difícil de predecir.


Comencemos por lo evidente. Con el aumento global de temperatura aumenta el riesgo de eventos extremos del clima – inundaciones, sequías, tormentas, etc. Estas catástrofes suelen acabar con cosechas enteras e incluso llegan a afectar las producciones futuras.


Para pasar a un efecto indirecto nada desdeñable: la modificación en el comportamiento de plagas y enfermedades agrícolas. Como seres vivos que son, el cambio en las condiciones del clima podrá favorecerles (unos inviernos más suaves les vienen de perilla a los “bichos”) o forzarles a emigrar para asegurarse la supervivencia o la multiplicación. Sobre la intensidad de sus ataques de momento solo caben especulaciones. En consecuencia,  habrá que revisar y poner los sistemas de detección y los mecanismos de lucha frente a plagas y enfermedades.



El CO2 y la vegetación


El dióxido de carbono es un nutriente más para la planta. A través de la fotosíntesis, lo transforma en compuestos de carbono con infinidad de usos en la planta: azúcares, paredes de las células, sustancias de reserva, madera, etc. El CO2 es un gas que de forma natural es escaso en la atmósfera; podríamos pensar entonces que, si aumentase su concentración, las plantas se pondrían a crecer como si no hubiera mañana, los agricultores tan contentos y los responsables políticos les endilgarían todo el trabajo sucio. Desgraciadamente, esto ocurre así solo hasta cierto punto.



Efectivamente se sabe que al aumentar el CO2 , inmediatamente aumenta la tasa de fotosíntesis, especialmente en un tipo determinado de plantas, pero siempre que no existan factores limitantes, como escasez de agua o nutrientes del suelo. Sin embargo, cuando las plantas crecen continuamente con mucho CO2  alrededor, ocurren una serie de cambios bioquímicos que disminuyen la capacidad de la hoja para hacer la fotosíntesis. Así, tras la euforia fotosintética todo va volviendo a unos niveles más razonables para la planta según van pasando las semanas y los meses (imagino no sabe qué hacer con tanto azúcar que se le acumula). Este fenómeno se conoce con el nombre de aclimatación de la fotosíntesis.


Afortunadamente para el hombre, los ecosistemas terrestres vegetales son capaces de retener cada año aproximadamente la mitad del CO2 generado por nosotros mismos, lo cual no está nada mal. Sin embargo, esa capacidad de los ecosistemas para hacerlo no sólo depende de la fotosíntesis (en la que están captando CO2 atmosférico), sino también de la respiración (liberación de CO2 a la atmósfera) y como hemos dicho antes, de que no existan otros factores limitantes (que posiblemente aparezcan con el cambio climático).


De todas maneras, es innegable que los ecosistemas vegetales son capaces de “hacer desaparecer”  el CO2 de la atmosfera transformándolo en material biológico, proceso que se  conoce con como “secuestro de carbono”. Por esta razón, la conservación de la vegetación, especialmente de los bosques, será vital para amortiguar, que no solucionar, la magnitud del cambio climático.




Para afrontar los problemas relacionados con el cambio cliatico no hay soluciones fáciles. Estas imágenes muestran la pérdida de una parte importante del paisaje natural de la sabana en el departamento Maradi en Nigeria, debidas a su transformación a la agricultura. Desde 2007 la población se ha cuadruplicado y el uso de la tierra se ha intensificado aún más. Fuente: NASA




Algunos ejemplos que ilustran el impacto del Cambio Climático


A continuación mostraré  los problemas a los que se enfrentan algunos cultivos concretos. Tanto a nivel mundial como Europeo o en la Península Ibérica, habrá zonas y cultivos que se beneficien y otros perjudicados (la mayoría); realmente se trata de un tema muy complejo por lo que evitaré generalizar.


Cereales


Los datos observados indican que el calentamiento global tiene un efecto negativo en la producción y rendimiento de los cultivos cereales básicos: trigo, arroz y maíz.
El aumento de noches con altas temperaturas nocturnas es dañino para la mayoría de los cultivos. Este efecto se observa a menudo en el rendimiento y la calidad de las cosechas de arroz. Fuente: USDA-ARS.

La floración y el llenado de grano, son los momentos más delicados en el cultivo del trigo. Un estudio señala el riesgo de sequía severa y estrés por altas temperaturas precisamente en estos momentos. Para adaptarse, podrían utilizar otras variedades más tempranas o el uso de riego (si hubiera agua, que en España no abunda). Fuente: Jesus López.

Patata


No solo es un alimento básico para millones de personas en todo el mundo, sino que por su afinidad a climas fríos, es un cultivo muy sensible a los efectos del cambio climático, por lo que se está trabajando en la búsqueda de nuevas variedades de patata más resistentes. Para ello, no solo es necesaria la investigación agronómica, y que esta vaya rápida, resulta imprescindible contar con una diversidad biológica de base que aporte el material genético con el que trabajar: son los denominados recursos genéticos, que merecen por si solos otra entrada.


Nos cuentan en la web del CentroInternacional de la Papa que en la sierra andina no hay muchos cultivos que florezcan por encima de los 4,000 metros, salvo la patata. Hasta hace poco la altura protegía a las papas de plagas y enfermedades, que no soportan el frío extremo. Sin embargo, la temperatura en los Andes está subiendo y con ella el hongo que provoca la rancha o tizón tardío (el mismo que causó la gran hambruna irlandesa en 1845). Para evitarlo se está desarrollando el proyecto Papaclima no solo para identificar y desarrollar patatas que puedan adaptarse al cambio climático, también las metodologías y herramientas moleculares que permitan acelerar el proceso. Fuente: INIAP/Croptrust.


Cultivos leñosos


A corto plazo, un agricultor de cultivos herbáceos puede ir adaptando algunas prácticas agrícolas: cambiar las fechas de siembra o las variedades que utiliza.


Sin embargo, el que posee plantaciones por ejemplo de frutales, olivares o vid, tiene mucho menos margen de maniobra para poder adaptarse, ya que ir cambiando sus plantas por variedades mejor adaptadas, supone un tiempo y un coste mayor.  Se me ocurre que tendrá que implementar prácticas agrícolas que ayuden a gestionar los recursos hídricos disponibles, como por ejemplo las técnicas de no laboreo.



Muchos frutales necesitan una acumulación de horas de frío para poder florecer y dar fruto. Unos inviernos más cálidos disminuirían la producción de estos cultivos. La intima relación entre las condiciones del clima y la producción de cerezas la expliqué en esta entrada del blog.


El viñedo es un buen ejemplo de un cultivo que podrá beneficiarse o verse muy afectado según la zona donde se cultive. Un aumento de las temperaturas y disminución de las precipitaciones favorecerán los viñedos europeos. En el norte de España se está comenzando a plantar a más altitud y posiblemente puedan dejar de realizar tratamientos contra hongos, más frecuentes en zonas templadas de la Rioja que en plena solanera manchega. Los viñedos de la Mancha para abajo lo tendrán difícil, en parte porque unas temperaturas demasiado altas pueden estropear la uva, como materia prima para elaborar vinos de calidad y porque muy posiblemente regar ya no será una opción sino una condición indispensable para conseguir producciones decentes.


 
A los viñedos alemanes del valle del Rhin, posiblemente les venga bien el calentamiento, ya que hasta hace poco les faltaba el sol y el calor necesario para madurar unas uvas con las que hacer vinos mínimamente interesantes. Incluso en el Reino Unido se están volviendo a plantar vides, cultivo que introdujeron los romanos en su momento. Fuente: César Marcos

Ganadería


Existen muchos menos estudios sobre el impacto del cambio climático en el ganado, pero podríamos deducir algunos de ellos.


A la ganadería extensiva le afectará todo lo que afecte en general a los pastos (temperatura, disponibilidad de agua…). El cambio climático afectará a la disponibilidad de recursos forrajeros a lo largo del año y los animales podrán comer menos “de gratis”. A menor cantidad de pasto, menor carga ganadera (número de animales por hectárea). En estas condiciones las cabras, “la vaca de los pobres” es más competitiva que la vaca y la oveja ya que aprovecha mejor la vegetación…así que adiós al solomillo y bienvenida al cabrito.



La ganadería intensiva, depende por su parte de la producción de cereales y soja, base la alimentación de los animales; por tanto, le afectará lo que afecte a estos cultivos. Un aumento de las temperaturas supondrá un mayor gasto energético en muchas granjas, ya que suelen ser edificios cerrados que necesitan de una buena climatización para mantener a los animales a la temperatura adecuada, sistemas costosos de incorporar y que consumen mucha energía.


A la vaca frisona le gusta el fresquito. El calor lo lleva regular y necesita sombra, ventilación y muuucha agua: bebe en torno a 100 litros diarios, de los cuales, al menos 30 convierte en leche. Fuente: USDA-ARS 



Mención aparte merecen las enfermedades. De la misma manera que afectaba a los insectos plaga, se cree que el cambio climático pueda ayudar a la dispersión de pulgas, garrapatas, mosquitos o lombrices intestinales, que actúan como agentes vectores de enfermedades o disminuyendo la productividad del animal. Las condiciones de temperatura y humedad influyen mucho en los organismos parásitos, ya que parte de su ciclo vital se desarrolla fuera del cuerpo de los animales, a expensas de las condiciones atmosféricas.



Por ejemplo,  parece que el cambio climático también está facilitando la rápida dispersión del virus de la lengua azul en Europa,  que afecta a rumiantes y se transmite por mosquitos. Y en España ha afectado a provincias de Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha.



La garrapata es un parásito indicador del cambio climático, ya que responde rápidamente a los cambios del clima. Gran parte de su ciclo vital transcurre fuera del huésped, entre el suelo y la vegetación. Según las especies y las condiciones climáticas pueden sobrevivir en los pastos sin alimentarse entre pocos meses y más de un año. Fuente.

 Adaptarse, si o si


Visto lo visto, hemos trastocado de tal manera los sistemas climáticos del planeta que nos esperan unas condiciones para la práctica de la agricultura y la ganadería muy diferentes a las que dominan hoy en día. Por tanto resulta esencial que nos adaptemos a esas condiciones futuras.  


En primer lugar, resulta vital no favorecer más aún todas aquellas actuaciones que provoquen o agraven el cambio climático y hacerlo cuanto antes, ya que cuanto más se tarde en tomar medidas, los efectos del calentamiento global serán menos reversibles. Una de ellas será frenar la deforestación, para lo que será necesario que aprendamos a producir más con menos; para ello, el papel del uso de la biotecnología, y los pesticidas se presta al debate. Un enfoque interesante es el que propone Syngenta con su Good Growth Plan.


En segundo lugar hay que desarrollar políticas y estrategias de adaptación. En esta entrada hemos visto dos importantes: el cambio en las prácticas agrícolas y el desarrollo de nuevas variedades adaptadas a los problemas que traiga el cambio climático.


Estos son productores ecológicos de quinua o quinoa, un alimento de moda por sus propiedades nutricionales y por la gran capacidad de adaptación a muy diversos climas. Aunque supone una buena alternativa para países que sufren de inseguridad alimentaria, el repentino interés por este cultivo no está exento de ciertos efectos colaterales negativos. Todo esto se resume muy bien en esta infografía. Fuente: Fairtrade Labelling Organizations International/Wikimedia.

Otro enfoque, promovido por la FAO y dedicado sobre todo a la agricultura de los países en desarrollo es el de la "Agricultura inteligente respecto al clima" , que a grandes rasgos pretende ajustar las prácticas agrícolas para hacerlas más adaptables y resistentes a las presiones ambientales, sin olvidarse de reducir el impacto de la agricultura sobre el medio ambiente. No lo conozco a fondo, lo que he leído me recuerda a esas flamantes pero ingenuas “estrategias de acción” llenas de buenas intenciones; aunque parece que no escapa a la crítica.

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Oleh

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